sábado, 6 de noviembre de 2010

Salvador Allende

El pasado jueves 4 de noviembre, se cumplieron 40 años de que Salvador Allende asumiera la presidencia de Chile. Juan José Torres gobernaba Bolivia; Juan Velasco Alvarado, Perú. Con sus particularidades y características propias, se trataba de gobiernos revolucionarios. Torres fue derrocado en agosto de 1971. En marzo de 1973, era electo en Argentina Héctor Cámpora, y en septiembre del mismo año, caía Allende.

La coexistencia de esas experiencias era demasiado para el Imperio. Máxime, cuando el socialismo en Chile había alcanzado el poder a través de elecciones democráticas. No había excusa que oponerle. Por eso el derrocamiento de Allende tenía que ser ejemplificador. Y también significó el inicio de la implementación del modelo neoliberal en la región, construido sobre la represión, desaparición y tortura.

No es casual que en este inicio del siglo XXI, cuando en América Latina coinciden un amplio abanico de experiencias populares, Manuel Zelaya haya sido derrocado en Honduras, y que se haya intentado lo mismo contra Rafael Correa en Ecuador. Sin olvidar el intento de golpe contra Hugo Chávez, en 2002.

Cuando van por uno, van por todos. En los setenta no se percibió con claridad. Hoy, pareciera que la miopía ha desaparecido. Por las dudas, no nos quitemos los anteojos y pongamos la lupa sobre el enemigo, que se mueve subrepticiamente como cucaracha, pero después golpea como elefante.

Vaya todo eso como introducción para inaugurar este espacio, y justificar un breve y torpe homenaje a Salvador Allende. Que no pasarán.

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